A lo largo del camino de la oposición te encontrarás con varios baches, algunos de ellos son personas que a través de sus palabras y de sus actos te harán daño. Esos obstáculos podemos optar por cercarlos, saltarlos o enfrentarnos a ellos, pero cuando te conviertes en tu propio enemigo, las cosas empiezan a ir mal.

Cuando tu peor enemigo eres tú mismo, las cosas se complican, esos dardos envenenados que tanto daño te hacen los lanza la persona que mejor te conoce, tú. ¿Por qué nos boicoteamos a nosotros mismos? A veces es el resultado de intentar protegernos, de buscar que nada ni nadie pueda hacernos daño. Pero no nos damos cuenta de que a veces, intentando evitar algo o defendernos de una situación, nosotros mismos provocamos algo peor.

La preocupación en exceso, las dudas que nos corroen y el miedo nos invalidan, pero casi siempre eso que tanto tememos no es para tanto y el resultado final sería magnífico si nos hubiésemos atrevido a hacerlo. El no siempre lo tenemos, no lo olvides. La vida ya está llena de limitaciones y de obstáculos, así que no debemos ser nosotros mismos quienes pongamos más.

1. Las dudas

Dudar es algo natural y bueno, puesto que nos ayuda a tomar mejores decisiones. Pero dudar en exceso de una situación o de nosotros mismos es horrible. Tenemos que aprender a confiar en nosotros mismos y en nuestro instinto. Dudar constantemente nos  invalida a notros mismos y por ende a nuestras decisiones, nos anulamos y terminamos por no saber reaccionar.

A veces tenemos pensamientos rumiantes que nos castigan. Ante una nueva situación, nuestra cabeza empieza a funcionar y terminamos por verlo todo de forma negativa. Intentamos anteponernos a una situación futura para no sufrir, por lo que siempre nos ponemos en lo peor. Nos imaginamos cómo será e intentamos estar preparados, pero tal vez eso nunca llegue a suceder o por mucho que nos entrenemos no vamos a estar preparados.

Preocuparnos en exceso nunca trae nada bueno.

2. La indecisión

Sentirse indeciso es completamente normal, pero si va seguido de una acción, de una decisión o de atreverse, porque así no dejamos que la indecisión nos domine. El problema aparece cuando no cortamos ese miedo, cuando la indecisión no nos deja actuar.

3. Compararnos con otras personas

No debemos compararnos nunca con otras personas, porque no sabemos por lo que realmente está pasando.

Cuando nos comparamos con alguien, tendemos a centrarnos solamente en un aspecto de su vida como un logro o una victoria, pero olvidamos el resto.

No debemos medir nuestros aciertos y desaciertos con la regla de otra persona, cada persona vive bajo una circunstancias únicas.

Lo que debemos hacer es compararnos con nosotros mismos, cuánto hemos mejorado y cómo hemos avanzado.

El enemigo interior del opositor

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